Si
el origen o nacimiento del turismo rural y naturaleza, fuese igual o similar al
tradicional del sol y playa, no habría duda alguna, que oferta y demanda tendrían
un matrimonio duradero y bien avenido, con una rentabilidad también, muy
superior a la que lamentablemente tiene este TR.
Pero,
es que el turismo en las zonas rurales y naturales, no ha surgido como
respuesta a una demanda existente y necesitada de este consumo, como ocurrió y
ocurre con el sol y palaya, sino que como ya he mencionado en muchas ocasiones,
ha surgido como respuesta política, con estrategias de conservación y
desarrollo local, de muchos territorios rurales, donde ya comenzaba a darse un
verdadero éxodo rural, con terribles consecuencias, para el mundo rural y
obviamente también para el conjunto de los países donde ocurría, véase el caso
europeo y mas específicamente en la Europa del Sur.
No
obstante en muchos otros países, como en el continente americano, en una gran
mayoría de los casos, surgió por parte de emprendedores, ya sean micro,
medianos e incluso grandes (Haciendas, estancias,..), los que de alguna forma,
hicieron un benchmarking, en muchas ocasiones no premeditado.
Aunque
también en estos últimos años, al emerger una conciencia política y social,
sobre la marginación de las comunidades o poblaciones indígenas e incluso
también campesinas,…es decir poblaciones vulnerables del medio rural, comenzó a
desarrollarse el turismo comunitario, transformándose rápidamente en turismo
rural comunitario, todavía en proceso de consolidación y en especial de saber
jugar al papel difícil del equilibrio, entre la oferta y la demanda.
Si
hablamos del turismo internacional, es más fácil encontrar este equilibrio
entre las expectativas de la demanda y la respuesta y expectativas de los
oferentes rurales.
El
porque, es fácil, y en especial se refiere al precio o coste del viaje, ya que
para un turista internacional le supone en muchas ocasiones hasta mas de 4
veces el valor que para uno nacional, porque hay que añadir el coste del
transporte aéreo y esto implica, que en el proceso de compra, el consumidor,
analiza mucho mas y trata de evitar riesgos, dudas, incertidumbres, antes de
comprar, que el turista domestico. Por tanto, también el nivel de satisfacción
suele ser mucho mayor en los primeros. Y lo digo también, por propia
experiencia.
En
bastantes alojamientos se ha dado el caso, que la demanda espera y por tanto
reclama una serie de elementos, tratamientos, etc. que poco tienen que ver con
la vocación del territorio o del emprendedor, como la moda de los mini-spas,
wi-fi, comida especial, fast food, etc.
Algunos
aceptan las reglas del juego y obtienen su recompensa económica, pero otros son
mas fieles o puristas (como se quiera denominar) a su propia filosofía del
negocio y no renuncian a ofertar sus servicios, que sin duda alguna, si
encuentran su nicho, serán los que mejores resultados obtengan, porque hay
segmentos de demanda que saben muy bien lo que quieren y cuando lo encuentran
suelen ser fieles.
Son
decisiones estratégicas, tanto de negocio, como de destino turístico, pero lo
inteligente es tomarlas e implementarlas.
Personalmente
tengo recuerdos de clientela (aproximadamente entre el 40-50%), que lo que mas
le molestaba del campo, era el propio campo en sí, es decir las molestias
patológicas de insectos, arena, barro, frio o calor, tranquilidad, ausencia de elementos
tecnológicos, etc. es decir el campo les gustaba mucho, pero mejor con un cristal
separador y acera pavimentada, para visualizar la caricatura.
Pero
el resto de la demanda que sabía lo que quería, encontraban su sitio ideal.
Por
eso es difícil, a veces o muchas veces, encontrar el equilibrio (Conceptual y
económico) entre la oferta y la demanda, pero entre el hotel domótico y de lujo
y la cabaña básica, existe un gran abanico de posibilidades, al igual que en
los destinos y en la demanda.
Un
cordial saludo,
Arturo
Crosby
Editor
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