jueves, 19 de diciembre de 2013

Oferta y Demanda en el Turismo Rural: Un difícil equilibrio, a veces



Si el origen o nacimiento del turismo rural y naturaleza, fuese igual o similar al tradicional del sol y playa, no habría duda alguna, que oferta y demanda tendrían un matrimonio duradero y bien avenido, con una rentabilidad también, muy superior a la que lamentablemente tiene este TR.
Pero, es que el turismo en las zonas rurales y naturales, no ha surgido como respuesta a una demanda existente y necesitada de este consumo, como ocurrió y ocurre con el sol y palaya, sino que como ya he mencionado en muchas ocasiones, ha surgido como respuesta política, con estrategias de conservación y desarrollo local, de muchos territorios rurales, donde ya comenzaba a darse un verdadero éxodo rural, con terribles consecuencias, para el mundo rural y obviamente también para el conjunto de los países donde ocurría, véase el caso europeo y mas específicamente en la Europa del Sur.
No obstante en muchos otros países, como en el continente americano, en una gran mayoría de los casos, surgió por parte de emprendedores, ya sean micro, medianos e incluso grandes (Haciendas, estancias,..), los que de alguna forma, hicieron un benchmarking, en muchas ocasiones no premeditado.
Aunque también en estos últimos años, al emerger una conciencia política y social, sobre la marginación de las comunidades o poblaciones indígenas e incluso también campesinas,…es decir poblaciones vulnerables del medio rural, comenzó a desarrollarse el turismo comunitario, transformándose rápidamente en turismo rural comunitario, todavía en proceso de consolidación y en especial de saber jugar al papel difícil del equilibrio, entre la oferta y la demanda.
Si hablamos del turismo internacional, es más fácil encontrar este equilibrio entre las expectativas de la demanda y la respuesta y expectativas de los oferentes rurales.
El porque, es fácil, y en especial se refiere al precio o coste del viaje, ya que para un turista internacional le supone en muchas ocasiones hasta mas de 4 veces el valor que para uno nacional, porque hay que añadir el coste del transporte aéreo y esto implica, que en el proceso de compra, el consumidor, analiza mucho mas y trata de evitar riesgos, dudas, incertidumbres, antes de comprar, que el turista domestico. Por tanto, también el nivel de satisfacción suele ser mucho mayor en los primeros. Y lo digo también, por propia experiencia.
En bastantes alojamientos se ha dado el caso, que la demanda espera y por tanto reclama una serie de elementos, tratamientos, etc. que poco tienen que ver con la vocación del territorio o del emprendedor, como la moda de los mini-spas, wi-fi, comida especial, fast food, etc.
Algunos aceptan las reglas del juego y obtienen su recompensa económica, pero otros son mas fieles o puristas (como se quiera denominar) a su propia filosofía del negocio y no renuncian a ofertar sus servicios, que sin duda alguna, si encuentran su nicho, serán los que mejores resultados obtengan, porque hay segmentos de demanda que saben muy bien lo que quieren y cuando lo encuentran suelen ser fieles.
Son decisiones estratégicas, tanto de negocio, como de destino turístico, pero lo inteligente es tomarlas e implementarlas.
Personalmente tengo recuerdos de clientela (aproximadamente entre el 40-50%), que lo que mas le molestaba del campo, era el propio campo en sí, es decir las molestias patológicas de insectos, arena, barro, frio o calor, tranquilidad, ausencia de elementos tecnológicos, etc. es decir el campo les gustaba mucho, pero mejor con un cristal separador y acera pavimentada, para visualizar la caricatura.
Pero el resto de la demanda que sabía lo que quería, encontraban su sitio ideal.
Por eso es difícil, a veces o muchas veces, encontrar el equilibrio (Conceptual y económico) entre la oferta y la demanda, pero entre el hotel domótico y de lujo y la cabaña básica, existe un gran abanico de posibilidades, al igual que en los destinos y en la demanda.
Un cordial saludo,

Arturo Crosby
Editor





miércoles, 11 de diciembre de 2013

Cuando el turismo de lujo, busca pobres y extrañas experiencias

 
Leyendo un artículo en el Huffington Post, sobre el hotel sudafricano  Emoya Luxury, me quede sorprendido de las extravagancias de las nuevas experiencias turísticas, esta vez, referidas al segmento de lujo (ciertos segmentos del mismo), que parece que cada vez sus expectativas crecen de tal forma que hay que inventar sensaciones y emociones, realmente únicas y vendibles, claro está, pero sobrepasando cualquier frontera u obstáculo social o ambiental.
Hace años, ya han existido diferentes experiencias, de las que podríamos denominar “raras”, por ser pragmático, y desde luego ofensivas para una mayoría de mortales, como la que se ofrecía en el Beirut, cuando estaba en guerra y se buscaba la sensación de estar en un entorno en peligro y vivir como vivía la población en ese estado de inseguridad, pero disfrutando también del ocio con pura adrenalina.
 
O por ser más dramático, aquellos safaris de caza de especies protegidas y en peligro de extinción, cuando además podrían deleitarse dicha carne en restaurantes ocultos, solo para VIP con bastante presupuesto en sus bolsillos. O las recientes denuncias de Survival International en contra de los denominados safaris humanos, para fotografiar indígenas, sin el mínimo respeto, ni consentimiento.
 
Y si uno quiere ir mas lejos, todavía recuerdo los tours que existieron en la pasada y reciente guerra de los Balcanes, donde se ofrecían puestos de francotirador. Por cierto, empresa que fue denunciada en el Consejo de Europa y tuvieron que cesar su “actividad turística”.
 
Siempre existe una oferta, que  en busca de obtener unos beneficios económicos rápidos y olvidándose de su futuro, ha encontrado buenas excusas, como para ofrecer productos turísticos, a medida de una clientela exigente que quiere experimentar sensaciones únicas, inolvidables y poderlas contar como algo excepcional, entre sus familiares y amistades.
 
Es por eso, que existen diferentes actividades en el mundo, donde indígenas, animales o simplemente gente sin dinero, los llamados “pobres”, son auténticos recursos turísticos y donde su entorno transformado en algo vendible, se convierte en productos turísticos vendibles, para que la demanda de alto poder adquisitivo, pueda adquirir unas experiencias inigualables.
 
Haciendo un símil, se imaginan que turistas de otros países o nacionales, vinieses o fuesen a ver casas con familias desahuciadas, por embargos, hipotecas, etc. en España, EEUUU u otros, y que pagasen por ello al operador y eso sí, dando  alguna limosna a dichas familias.
 
Tampoco uno se sorprende tanto, cuando la demanda turística es capaz de comprar servicios de menores de edad, por motivaciones que no acierto a comprender y menos aceptar.
 
Es cierto que la teoría del éxito implica, que la oferta ha de diseñarse en función de la demanda, pero las expectativas de ciertos segmentos deberían poderse excluir del mercado o al menos presionar, como ya lo llevan haciendo organizaciones internacionales en pro de derechos, que han encontrado un punto débil en muchos países en desarrollo, atacando precisamente a su mercado turístico.
 
Quizás ya es hora, de hacer comprender que la mejor fórmula de implementar un programa de RSC o RSE es no tenerlo que hacer, salvo como parte de su propia inversión y no como medida compensatoria de impactos negativos, ya sean ambientales o sociales.
 
Especialmente las grandes cadenas hoteleras y por supuesto las Administraciones Publicas Locales, deberían de auto-obligarse a invertir en programas turísticos, de tipo ambiental y social, como medida preventiva y por supuesto, como generación de valor añadido al destino. ¡No lo olviden!
Un cordial saludo
 
Arturo Crosby

La conservación de la Naturaleza, debería ser ¿Norma, ética o valor añadido en el turismo?



Hace años, poca gente podría pensar que el sector turístico y mas específicamente el hotelero, pudiese no solo estar a favor sino defender la conservación del medio natural o las áreas o espacios protegidos, pero ya han leído esta ultima noticia sobre hoteleros del parque nacional de los Picos de Europa (España), que no quieren quedarse fuera del mismo, porque tienen claro las desventajas que ello supone.



Durante estos últimos años, hay muchas noticias, de “buenas intenciones” de grandes resorts de sol y playa, cadenas hoteleras, y similares, que ondean su bandera mas verde, comprometiéndose con las buenas prácticas ambientales o declarando su adhesión al turismo sostenible y por tanto respetando los ejes sociales, ambientales y económicos de sus actuaciones, pero sabemos que muchos de estos son justificantes para poder obtener una marca o certificación (green washing) y otros que realmente tratan de hacer lo mejor posible para llevar esa línea de desarrollo y gestión, especialmente las microempresas turísticas.

¿Es esta apuesta, por la conservación del entorno, un valor añadido del producto y negocio turístico? O ¿Debería ser una norma y parte del código ético turístico?

Lo cierto es que existe, desde hace un tiempo, bastante interés por poderse instalar dentro de las fronteras de las áreas naturales protegidas, ya sean parques nacionales, naturales, reservas biológicas y en general cualquier área protegida, que pueda valer como bandera o reclamo turístico y si no recuerden el programa europeo de banderas Azules (Símbolo de calidad ambiental-turística de playas) o la reciente legislación de prohibición de infraestructuras turístico-hoteleras en las áreas protegidas de Colombia (Sistema de Parques Naturales Nacionales), donde se manifestó la lucha del movimiento ecologista con los sectores de inversores hoteleros en el país, con una balanza claramente escorada hacia los primeros.

Pero, el empresariado turístico, que apuesta por la naturaleza y ruralidad, lo hace por convicción, compromiso ético, supervivencia en su territorio, subvenciones o ayudas públicas y privadas, o porque es realmente un negocio rentable, como algunos afirman?.

Seguramente aquellos que tienen su negocio, saben muy bien de que les hablo, porque muchas zonas rurales, que venden su ruralidad, naturaleza, aventura, etc. tienen grandes dificultades en alcanzar una ocupación media anual, que les permita decir que son empresarialmente rentables. Es decir que al menos tengan ocupadas 182 noches al año, cuando se sabe que la media anual, ronda entre las 70 y 120 noches y claro no siempre con una ocupación máxima de todas sus habitaciones.

Entonces alguien puede preguntarse, ¿Porqué invertir tiempo, esfuerzo, dinero, etc. en un negocio que no tiene el retorno esperado?

Hace tiempo, ya les comentaba sobre la importancia de identificar la rentabilidad emocional, factor que ayuda comprender la supervivencia empresarial, con esas tasas tan bajas de ocupación, en especial si se compara con el turismo urbano y de playa, cuya ocupación siempre es superior al 50 % anual, es decir 182 noches, como mínimo al año.

Si bien es cierto que la actividad turística, puede y debe generar desarrollo local, ya que es un principio político por lo que se ha apoyado este sector en diferentes partes del mundo, también es cierto, que eso no es posible, si no se genera rentabilidad para sus empresarios.

La naturaleza debe jugar un rol clave, como componente emocional esencial en la rentabilidad

Y si bien existen negocios de emprendedores que han logrado ser competitivos, bien por su localización estratégica, bien, por su buen-hacer, existe un número grande que hace que la media sea tan baja.

Por tanto, retomando el principio de este artículo, la naturaleza debe ser o jugar un rol clave, como componente emocional esencial en la rentabilidad empresarial de la empresa.

Y la naturaleza, la interpreto en todas sus formas o manifestaciones posibles, incluyendo el sentido de pertenencia al territorio.

O como lo ven Vds?

Un cordial saludo

Arturo Crosby
Editor